El futuro es digital: dependerá de nosotros la manera de utilizarlo


Las consecuencias del uso desmedido de las redes sociales ya es un problema en nuestra propia casa que afecta la vida familiar de una manera u otra, pero seguimos hablando del asunto como si fuera algo ajeno. ¿A qué te suena esta idea? Exacto: a los consumos problemáticos. Nuestra primera reacción es negarlos porque nos avergüenza reconocerlos.

La aparición de Facebook, Twitter y una docena de redes sociales hace algo más de una década cambió para siempre la forma en que la personas nos relacionamos a través de Internet. En pocos años cientos de millones de usuarios crearon al menos un perfil en al menos una de esas redes (Whatsapp, Snapchat y otras “de mensajería” también son redes).

Las redes sociales nacieron como un instrumento para conectar con amigos y compartir ideas, pero hoy producen un enorme impacto económico, político, de seguridad y de salud pública alrededor del mundo, y países “emergentes” como el nuestro son más vulnerables.

Las redes, que tienen un montón de cosas buenas, también se han convertido en un dolor de cabeza para los padres, en un riesgo para los chicos, en una amenaza para los gobiernos y en una oportunidad de propaganda y captación para operadores políticos, grupos radicalizados y acosadores de todo tipo.

EL CLUB DE LA MALA ONDA

Estudios revelan que las conversaciones políticas en las redes sociales son “más furiosas” que en la vida real, y son peores ahora que hace dos años. En Twitter el nivel de acritud y odio ya ha superado la paciencia de la mayoría. Los tuiteros más famosos son muy agresivos y multiplican los niveles de crispación de sus seguidores.

Por otro lado, con el uso de algoritmos especiales Facebook profundiza el “efecto burbuja”: miramos los posteos de nuestros “amigos” –que piensan como nosotros–, y además recibimos los contenidos que mejor se adaptan, según ese algoritmo, a nuestra manera de pensar. Resultado: sólo leemos lo que queremos leer. Nos radicalizamos gracias a Facebook. Y cuanto más tiempo pasamos en Facebook, Facebook más “sabe” de nosotros y por lo tanto “mejora” su algoritmo.

Y además de estar más enojados, las redes nos ponen más tristes, porque las personas, espcialmente los chicos y los jóvenes, están “esclavizadas” por su perfil, por la imagen que deben dar a sus seguidores: las chicas se sacan fotos con menos ropa para obtener más “likes” de sus seguidores, y eso es sólo el principio. Da miedo sólo imaginar el impacto social de estos cambios en tan pocos años. Hoy tenemos, aunque no esté muy claro, un verdadero problema global de salud pública.

EPIDEMIA DE TRISTEZA

Los estudios que miden los “niveles de felicidad” de adolescentes y jóvenes, aseguran que los chicos de hoy son menos felices que los de hace unos pocos años, y la causa principal de esa tristeza es el uso de pantallas. Los expertos aseguran que quienes pasan más horas del día frente a una pantalla (en redes sociales, en plataformas multijugadores y demás) están más tristes.

Además, aseguran que esas mismas personas, al desconectarse y pasar más tiempo con otras personas, ya sea haciendo deportes o estudiando y paseando por una plaza, recuperan niveles de felicidad. Lo mismo pasa con los adultos. En esto también influye la cantidad de tiempo que se pasa frente a una pantalla. A los chicos nacidos en la Era de las redes sociales, los especialistas los llaman “iGen”, el “lado triste” de los eternos optimistas a los que llaman “Millennials”.

¿QUÉ ES LA “INTELIGENCIA DIGITAL”?

En ámbitos especializados se la define como “la suma de las habilidades sociales, emocionales y cognitivas que les permiten a las personas enfrentar los desafíos y adaptarse a las demandas de la vida digital”. ¿Qué significa esto?

Significa trabajar para especializarnos en la comprensión y adaptación al futuro digital sin morir en el intento. Y no es una metáfora, ya que en niños, adolescentes y jóvenes los niveles de depresión, la baja autoestima, las autolesiones y los suicidios son un problema relacionado con la “vida digital”.

Este problema es mayor en países como el nuestro, con altos niveles de pobreza y falta de infraestructura. Un barrio puede no tener Internet; una casa puede no tener una computadora, pero todo el mundo tiene un smartphone. Y con sólo tener un smartphone ya estamos a un paso de conectarnos a Internet. Estadísticamente, un chico de ocho años está perfectamente capacitado para acceder a Internet por su cuenta, sin ayuda de un adulto.

El problema con los móviles, aún más que con las computadoras, es que en lugar de que los usuarios “entren” a Internet y “naveguen”, la Internet “entra” en sus vidas mediante las ‘apps’ desarrolladas para teléfonos móviles por las grandes compañías. Y los más chicos son los que más expuestos están a los peligros que se ocultan en la red.

¿CÓMO EMPEZAMOS A ENFRENTAR EL PROBLEMA?

La Inteligencia Digital se debe construir todos los días. Esto es: comenzar a tomarnos en serio la realidad interconectada, en casa, con nuestros chicos y con nosotros mismos, y en los ámbitos institucionales. Debemos tomar las riendas del cambio. Generar las condiciones para ser partícipes de ese aprendizaje de cara al futuro en lugar de reaccionar cuando ya es demasiado tarde.

Según la mirada de los grupos de estudio del Foro Económico Mundial, “los sistemas educativos de todo el mundo no están bien equipados para establecer las normas y las pautas en torno a la vida en línea de los jóvenes ni para integrar esta construcción de la capacidad de DQ (Inteligencia digital) en sus escuelas. Como consecuencia, los niños y los padres generalmente deben arreglárselas solos con muy poco apoyo concreto”.

¿Qué estamos haciendo?


En nuestra provincia nos estamos tomando muy en serio esta realidad y trabajamos para abordarla de manera integral. Por un lado, buscamos achicar la brecha tecnológica, la diferencia socioeconómica entre las comunidades que tienen Internet y las que no (esta diferencia también depende de la capacidad de nuestros niños y jóvenes para usar eficazmente las TIC’s –Tecnologías de la Información y la Comunicación– según sus niveles de alfabetización y formación tecnológica).

Con el IPAP (Instituto Provincial de la Administración Pública), el grupo de TIC’s de la Secretaría General de la Gobernación y Ecom Chaco, estamos instrumentando la formación de cuadros técnicos para promocionar el buen uso de Internet y las redes sociales y así orientar a nuestros chicos y jóvenes.

Sería un error pensar que la tecnología en una mala palabra: gracias a las tecnologías podemos mejorar nuestra comunicación, acceder a enormes cantidades de información, agilizar trámites y también, por supuesto, entretenernos. Pero como nadie nace sabiendo, la clave, una vez más, es la educación.

El cambio está en nuestras manos.

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