Todo en su justa medida: ¿la adicción a la tecnología puede ser peor que la heroína?

Por Ariana Basciani | Ya no solo el alcohol, el cigarrillo o la cocaína son las adicciones más comunes: bienvenido a la era de los comportamientos adictivos producidos por la tecnología y por internet, donde ser un adicto a la heroína puede equipararse a ser un jugador obsesivo de World of Warcraft.

No extraña que Steve Jobs ni Evan Williams de Twitter no hayan permitido que sus hijos jugaran con pantallas táctiles, especialmente en una era en la que estamos obsesionados con Instagram, Whatsapp y Facebook. Vemos con naturalidad atracarnos en una sentada una serie de Netflix o pasar viendo videos de YouTube durante una reunión con amigos. Sí, los números no mienten en los estudios especializados: trabajamos más horas cada año y pasamos un promedio de tres horas cada día usando nuestros teléfonos móviles. Ellos lo saben y tú también.

Sabemos que la mitad del mundo desarrollado es adicto a algo. La mayoría, posiblemente tenga alguna adicción, confesa o inconfesa. Adam Alter, profesor de marketing y psicología de la Universidad de Nueva York, nos relata en Irresistible (Paidós, 2018), que ya no son las sustancias lo que origina la adicción sino el comportamiento.

Apple Chief Executive Officer Steve Jobs holds the new ” iPad” during the launch of Apple’s new tablet computing device in San Francisco, California, January 27, 2010. | Foto: REUTERS.

Alter desgrana muy bien la diferencia entre ser adicto o ser un compulsivo. Mientras la adicción produce placer, la compulsión alivia. Según el autor la compulsión al teléfono es la más generalizada, pero de allí a una adicción hay solo un paso. Ese paso entre la compulsión y la adicción es fácilmente manipulable por quienes diseñan las nuevas tecnologías. Un ejemplo claro es la última actualización de Instagram en donde se ha añadido el aviso de última conexión a su chat privado. Para los diseñadores de aplicaciones esto es una forma de “fidelización del usuario”, de hacer que se quede más tiempo en la aplicación si está esperando un mensaje con ansias; de esa manera, se crea en un primer momento la compulsividad. Al igual que con las máquinas tragaperras en las que su éxito se mide en función del tiempo que pase alguien frente a ellas, en Internet –en cualquier página o aplicación- es igual.

Alter también señala las aplicaciones que ayudan a mantenerse en forma, es el caso de la aplicación para ponerse en forma Fitbits, donde el establecimiento de objetivos para adelgazar o tonificar pueden generar comportamientos tan adictivos que originen lesiones físicas en el usuario. Lo mismo puede pasar con los juegos en línea y los niveles de dificultad, o con la inconsciente gratificación de contar ‘Me gusta’, donde las lesiones ya no serán físicas pero sí psicológicas.

¿Por qué nos enganchamos a Instagram y a Facebook?

El 9 de abril de 2012, Facebook anunciaba la compra de Instagram. Mil millones de dólares valía una aplicación de fotos, ¿quién lo diría? Sin embargo, no es de extrañar por qué Zuckerberg tomó esa decisión basada en la psicología social.

“Sacamos fotografías para capturar recuerdos a los que regresamos en privado, pero principalmente lo hacemos para compartir dichos recuerdos con los demás” afirma Alter. Sin embargo, más allá de ese querer compartir con los demás tan sincero, es la competencia, la falta de seguridad del ser humano y la necesidad de validación, ese llamado feedback en tiempo real, lo que nos hace seguir ahí. Ya no son los sonidos de la maquina tragaperras, es la luz de la pantalla con las notificaciones a pesar de tener el móvil en reposo.

Ya sabemos que esto puede sonar obvio. La obsesión por el feedback de los demás es mayor o menor según la persona, pero todos somos seres sociales incapaces de ignorar por completo lo que otros piensan de nosotros. Ahora bien, existe la figura del feedback contradictorio e Instagram y Facebook son conscientes de ello. El feedback contradictorio tiene que ver con los ratios de me gustas, comentarios o interacción en general. ¿Por qué algunas fotos tienen más comentarios positivos que otras? ¿Acaso el valor como persona cambia? Según los psicólogos sociales, aceptamos con más facilidad las ideas buenas de nosotros mismos que las negativas. Somos muy sensibles a estas últimas y nos influyen poderosamente siguiendo ese principio de que lo malo es más fuerte que lo bueno. Alter expone en su libro: “Un ‘No me gusta’ no se limitaba a escocerte en la privacidad de tu casa, sino que se convertía en una especie de condena publica: o bien no tenías los suficientes amigos en internet o, peor todavía, no habías logrado impresionarlos”.

¿Y Netflix, HBO o Amazon Prime?

El suspenso es un recurso de las narraciones orales o escritas. Desde que el ser humano cuenta historias, los relatos que hacen buen uso de él nos enganchan, queremos leer más y prestamos más atención. Pasa lo mismo con las series y las plataformas de streaming.

Casos como el final de Los Sopranos o Mad Men dan indicios de por qué somos adictos a Netflix hoy día: no queremos un cierre porque, si se nos da un final cerrado, nos frustramos; simplemente queremos más. Es por eso que en 2012 Netflix introdujo la función posplay que convertía la temporada en trece capítulos. De esta manera, si el final del capítulo te dejaba en suspenso, solo tenías que quedarte quieto y esperar que apareciera el siguiente. Aunque pueda parecer un cambio tonto es una diferencia en el habito, ritmos de consumo y manejo de decisiones, sin contar con la adicción a las historias de series mediocres que se ven favorecidas por esta nueva función.

¿Seremos siempre adictos?

Aunque las adicciones a sustancias son totalmente demoledoras, muchas adicciones de comportamiento son actos silenciosamente destructivos que están envueltos en pequeñas capas para el logro de un objetivo. La ilusión de progreso de ese objetivo se sostendrá a medida que se consigan puntajes altos, más seguidores o mejores habilidades, la compulsividad pasará a convertirse en una adicción; la pescadilla que se muerde la cola, un loop del que no se puede salir, porque a diferencia de las sustancias, el crecimiento tecnológico es inmersivo y lo debes usar hasta en el trabajo o en actividades diarias como hacer un depósito o una transferencia bancaria.

Mientras leía las primeras páginas de Irresistible, me detuve para revisar mi teléfono por lo menos cuatro veces porque alguien podría haberme enviado un correo electrónico o un mensaje de Whatsapp. ¿Hacia dónde vamos? Quizás la ciencia ficción atinó en muchas de sus predicciones.

Fuente: theobjective.com

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